
Soy hija, madre, esposa, becaria Fulbright y diseñadora gráfica. Nací en El Salvador y vivo en Australia, donde cumplo mi sueño: trabajar como diseñadora con mi Mac, conectada al mundo y cerca de la playa.
Dios no es religión
Crecí católica, aunque hoy no me considero una persona religiosa. Cuando comenzaron mis experiencias místicas, la Iglesia me dio mucha ayuda espiritual.
Agradeceré siempre el amor, la comprensión y la paciencia del Padre Óscar ante mis interminables preguntas. En el año 2000 era párroco de la Iglesia Don Rúa, en San Salvador.
Por ejemplo, yo no entendía por qué mi ángel me decía que yo era un «canal de luz», ya que la palabra «canal» no es aceptada por la Iglesia.
Así me di cuenta de que Dios no es religión. Pero las religiones sí necesitan a Dios para ayudarnos a organizarnos en este desorden llamado vida. Después de todo, ¡nadie nace con el manual de instrucciones bajo el brazo!
A lo largo de la historia, cada religión ha llamado a Dios de distintas maneras y le ha atribuido rasgos humanos, como decir que es celoso o que castiga. En mis conversaciones con Dios, jamás he percibido esos rasgos.
Dios tampoco es hombre ni mujer. Como me explicó el Padre Óscar, a mí se me presenta como Padre. Por eso, en mis mensajes me refiero a Dios Padre.
Cómo empezó todo
El comienzo de mis experiencias trajo muchas alegrías, y también las dudas y preguntas de quienes me conocían. No había nada especial en mí, nada que indicara una vida de recogimiento o pureza.
Yo era consciente de dónde estaba en mi vida y de las decisiones que había tomado. Pero eso queda para otro blog.
Mientras viví en El Salvador, recibía mensajes a diario, generales y específicos, para personas conocidas y desconocidas. Puede leer cómo empezó todo en el Mensaje 1 y en el relato de mi amiga Claudia Allwood.
Cómo recibo los mensajes hoy
Hoy entrego los mensajes en persona y escribo poco. Sigo cumpliendo la misión que acepté, pero todo se ha vuelto más natural.
Al principio, los mensajes llegaban de madrugada y me despertaban (¡la primera vez, con gotas de agua!). Ahora duermo toda la noche. En mi vida diaria siento la presencia de Dios, de los ángeles, de seres de luz y de personas fallecidas que necesitan dar un mensaje a sus seres queridos.
A veces todo a mi alrededor se aquieta. Otras veces estoy cocinando o viendo televisión y, simplemente, comienzo a «escuchar».
Dios siempre encuentra la manera de comunicarse, y yo acepto con gusto.
El Tío Harry
Un día, mientras veía televisión, sentí la presencia de un señor recién fallecido. Él quería darle un mensaje a su hijo, que vive aquí en Australia.
Le dije: «Más tarde, que estoy ocupada». Entonces el señor apagó la televisión, y entendí que le urgía hablar.
Mi esposo, Paul, me ayudó a grabar el mensaje. Horas más tarde sonó el teléfono: ¡era el hijo de ese señor! El hijo y su familia viven en otro estado, lejos de nuestra casa. El hijo llamaba para decir que estaba de paso por la zona y que vendría a visitarnos.
Así se cumplió el tiempo perfecto de Dios, para que este hombre recibiera el mensaje de su padre.
No fue fácil entregarlo, porque el hijo no cree en nada de esto. Ahí entendí lo que Dios me había dicho: «A la gente hay que dejarla libre». Es decir, libre de mí y de mis expectativas de que acepten lo que les doy.
El hijo escuchó el mensaje y me dijo claramente que no lo creía. Lo que más dudas le causó fue la despedida de su padre: «Ya tengo que irme, el Tío Harry está aquí».
Yo entendí que el padre se refería a otro espíritu que lo acompañaba y lo guiaba para dejar el plano terrenal. Los espíritus no pueden quedarse mucho tiempo aquí, porque la energía de la tierra es demasiado pesada para quienes ya pasaron al plano espiritual.
Mi amigo me aseguró que en su familia no había nadie con ese nombre. No existía ningún Tío Harry.
Pocas semanas después, mi amigo me llamó. Había compartido el mensaje con su mamá, y ella lloró al escuchar el final. «Tío Harry» era el apodo en broma que ella usaba para su hermano ya fallecido. Mi amigo no lo sabía, pero su madre reconoció el detalle de inmediato.
Este tipo de experiencias forma parte natural de mi vida. Las bendigo con alegría, porque lo que siento al recibirlas no tiene descripción.
Un mensaje para Gustavo
Uno de los mensajes más memorables fue para Gustavo S. Dios le habló con un orgullo y un amor que me dejaron admirando a esta persona.
Dios le expresó cuánto se alegra de la vida que lleva Gustavo: haciendo el bien, con el alma limpia y pensamientos puros, y honrando a su familia.
Imagino que fue un gran impacto para Gustavo, porque sus creencias no incluyen a Dios. El mensaje lo dejó pensativo, sobre todo por algo que pasó en otra ocasión. Durante una sesión de oración, mi ángel le transmitió la bendición que su esposa daba al matrimonio. Mi ángel también dijo que le gustaba mucho la medalla de su esposa.
Gustavo sonrió. Su esposa siempre lleva una medalla de la Virgen María.
Durante los años que compartí estas experiencias de canalización con Gustavo, aprendí mucho sobre la virtud del matrimonio y sobre cómo mantenernos virtuosos en nuestra relación con los demás.
¿Y qué son los pensamientos puros? Son los que crean y no destruyen. Destruimos mucha energía creativa cuando envidiamos a alguien o nos alegramos de que algo le salga mal.
Es parte de la naturaleza humana, pero estamos aquí para aprender a amar, empezando por amarnos a nosotros mismos. En la medida en que nos amemos, todo lo que llegue a nuestra vida será un reflejo de nosotros.
«El niño viene en el nombre del Señor»
Llevo siempre en el corazón el mensaje que Honestidad, mi ángel, me dio para una mujer embarazada. Era corto: «Dile que el niño viene en el nombre del Señor».
Al escucharlo, la mujer se echó a llorar. Ella me contó que desde que quedó embarazada se despertaba cada día con ansiedad y angustia. Le reclamaba a Dios por enviarle un hijo en el peor momento de su vida. Su esposo estaba sin trabajo, y ella sentía que su propio puesto de ejecutiva en una empresa importante estaba en riesgo.
Meses después, la mujer me llamó para decirme que, gracias al mensaje, había encontrado paz. Dejó la angustia atrás y esperó el nacimiento de su hijo con alegría.
Un hijo que vuelve para despedirse
En otra ocasión me visitó el espíritu de J., un joven que murió en un accidente jugando fútbol. J. me pidió que le dijera a su mamá que todo pasó muy rápido, y que él escogió partir en lugar de quedarse en la vida terrenal.
Pocos días después (¿casualidad?) asistí a una cena donde estaban la madre de J. y su esposo, que no creía en nada de esto. Allí, frente a los demás invitados, volvió el espíritu de su hijo. Así J. pudo decirles muchas cosas a sus padres, que vivían el inmenso dolor de su pérdida.
J. les pidió que aceptaran el dinero. Y a su padre le pidió que no olvidara revisarse una muela.
Al oír esto, el padre me miró con los ojos muy abiertos. Llevaba una semana con dolor de muelas y no se lo había dicho a nadie, ni siquiera a su esposa. Creo que J. lo mencionó para que su padre supiera con certeza que era su hijo quien hablaba.
El dinero era el del seguro que J. tenía como jugador profesional. Su novia lo reclamaba, aunque según la póliza los beneficiarios eran los padres, y la madre no sabía qué hacer.
J. explicó que entre él y su pareja no hubo amor, y por eso no había nada que compartir. El dinero era para sus padres, y J. le pidió a su madre que lo recibiera sin culpa.
Esta es mi vida
Esta es mi vida, entre el cielo y la tierra.
Si desea saber cómo empezó todo, el Mensaje 1 es para usted. Y si está leyendo esto porque quiere conocerme mejor, le agradezco mucho su interés. Espero que encuentre en estos mensajes lo que busca, y que su vida se llene de alegría y amor.
Tengo la bendición de conocer a Dios por experiencia propia. Sé que no todos aceptarán lo que narro, y estoy en paz con eso, porque a la gente hay que dejarla libre.
Sé que Dios siempre encontrará la forma de comunicarse con el mundo, y con usted en particular. Dios se sirve de muchísimas personas para hablar con sus hijos.
Si le interesa conocer mensajes de otros canales, busque a Esther Hicks en YouTube. También le recomiendo leer Conversaciones con Dios, de Neale Donald Walsch, y Dios habló conmigo, de Eileen Caddy.
Algunas de estas personas causan controversia. Pero recuerde que los canales de Dios son seres humanos, con defectos y virtudes, que libran las mismas batallas que cualquiera. Criticarlos no sirve de nada, solo los mantiene en el mismo lugar. Todos podemos ayudarnos enviando amor y pensamientos creativos.
Por mi parte, acepté la misión de comunicar al mundo lo que recibo. Este es mi servicio, y le doy las gracias por ser parte de mi camino.
Gracias
Sé que Dios puso en mi vida a las personas perfectas en el momento perfecto. Como soy una persona racional, adaptarme y aceptar todo esto fue un trabajo arduo.
Gracias a mi mamá, María Teresa Martínez. Sé que la preocupación por lo que pasaba en casa (la energía, los cambios de clima inexplicables dentro de la casa, las noches en vela) fue una prueba muy grande.
Nunca tendré palabras suficientes para dar las gracias a mis amigos Claudia Allwood (que en paz descanse), Rosemarie Vázquez (que en paz descanse), Ana Julia Ibarra, Carlos Ibarra, Gustavo Soriano y Mauricio Ponce. A Mauricio, por explicarme a Dios en el mundo natural. «Dios está en la naturalidad de la vida», me dijo.
A mi tía Yolanda, luz y bendición en mi vida, porque «una palabra suya bastará para sanarme». Eso hace ella al orar por mí y por mi familia: me sana y me llena de amor. Gracias, tía. Que Dios la siga bendiciendo.
A mi tío Eduardo Fernández (Lalo), gracias por ser el fan número uno de Dios Padre.
A mi amiga Yanira González, a quien reencontré gracias a Facebook y que se ofreció a ayudarme a transcribir los mensajes para compartirlos aquí. Yani, hay alegría en el cielo por tu labor.
A mi hijo, por el regalo de ser madre. Sé que Dios tiene una misión para ti, y pido cada día que tu corazón, tu mente y tu alma sean uno en la verdad y el amor de Dios.
Y siempre, a mi esposo, que además de llenar mi vida de amor me ayuda a transmitir los mensajes.